Hercólubus: o planeta roja


 Ya he hablado en otros artículos que en el Camino transcurren apocalípticos, no se si las cábalas derivadas del calendario Maya ha aumentado el número de éstos, pero el colmo es que profeticen el fin del mundo siguiendo la teoría del Hercólubus, que se resume en que un planeta rojo de enormes dimensiones chocará contra la Tierra el 11 de agosto de 1999.

En el albergue de un pueblo de cuyo nombre no quiero mencionar se encuentran estanterías repletas del libro escrito por V.M.Rabolú, en inglés, francés, español y japonés. "Lo que afirmo en este libro es una profecía a muy corto plazo, porque me consta el final del planeta, lo conozco. No estoy asustando sino previniendo, porque tengo angustia por esta pobre Humanidad, ya que los hechos no se hacen esperar y no hay tiempo que  perder en cosas ilusorias." Actualmente, 12 años desde su acertado error se sigue distribuyendo, ¿para la mofa o para la prevención?



El fin del mundo es temido y a la vez deseado. Periódicamente se generan bulos que se han desmentido con el paso del tiempo. El fin del mundo llegará y lo más probable es que no sea en nuestra generación. A pesar que siempre se le de un sentido incontrolable lo más probable es que sea obra de la propia humanidad. Tal vez debiésemos escribir libros pidiendo disculpas a nuestros hijos por la polución que heredarán. 

De 0 a 1000: de andar a compartir


En el arte de vivir se encuentra el placer de valorar los pequeños éxitos. En esta noche de Reyes, tan mágica para todos, estoy celebrando la visita número 1000, víspera de la 2000 y espero que de más.

Para mi escribir y viajar son dos necesidades que se retroalimentan. El hecho de compartir con ustedes una porción de mi experiencia tiene varias razones y una de ellas es demostrar, en un país donde aún no se practica mucho, que viajar sin planear, bajo el sentido del instinto, la soledad y poco dinero, es una buena forma de conocer la realidad que nos envuelve y tomar consciencia de los problemas que debemos erradicar de la sociedad.

Ser tratado como un mendigo por los opulentos y como un hermano por los demás ha despertado en mi la idea clara de que el mundo gira por la codicia y que por esta causa se mueve hacia su fin.

A ustedes quiero agradecerles los minutos que han dedicado de su tiempo a andar conmigo, aunque casi siempre estuve solo, encontré amigos allí donde llegaba.

Muchas gracias


De Burgos a Hornillos del Camino: los dos planos de la vida


Dos grados de calor marcaba el termómetro cuando abandonamos el albergue esa mañana. Pero no sentíamos el más mínimo frío. Quizás era un sensor sesgado más, igual que las noticias que informan del indice de delincuencia, inclemencias, terrorismo, enfermedades... y otros factores que atan a los cobardes a las sillas de sus cegueras.

Un sevillano se nos unió y pronto otra americana, junto a A. no sumábamos los cien años. Era la primera y última vez que anduve con gente de mi edad y todos mostrábamos una actitud con la vida desafiante, mordible y por supuesto accesible a todos nuestros sueños. Viendo a personas mayores y más acomodadas me ha hecho pensar que el miedo es un signo de madurez, o la madurez un signo del miedo.



El tramo que anduve fue una vez la primera etapa de un camino fallido hace dos años. En ese día se interpusieron recuerdos y presente. Recuerdos distorsionados y un presente el cual gozaba y que era, por aquel entonces, la única posesión que tenía.


Se sucedieron pueblos cada vez más desarrapados. Las primeras casas de adobo y piedra. Las tiendas ambulantes en camiones que anunciaban su llegada a bocinazos. Los viejos al Sol silbando a las muchachas. Carreteras donde apenas pasaban coches. Fuentes con agua deliciosa y fresca. Y una vista que alcanzaba el horizonte de esta gran planicie donde las nubes reflejaban clapas de tiniebla y luz doquier.

Esa noche dormí en Hornillos del Camino, pueblo creado antaño para cobijar a los peregrinos y que está formado por una calle llamada Camino Real, una única tienda y un riachuelo fenomenal para la siesta.

Una mujer paseaba con un cubo lleno de comida por la única calle del pueblo:
- Buenos tardes tenga usted... el albergue?
- Como que buenos tardes, ustedes ya han comido?
Los ojos se giraron hacia el cubo de comida mientras la barriga sonaba a tormenta.
- Pues no, estamos muertos de hambre.
- Aquí tenemos la costumbre de solo dar las buenas tardes después de comer- Mientras la mujer miraba a la australiana que no entendía ni una palabra, el sevillano y yo tomábamos conciencia que tampoco ella nos iba a dar comida.
La fulana le preguntó a A. si le entendía y nosotros le dijimos que no porque era Australiana.
- Mira usted, tantos años yo en el albergue y no he aprendido una palabra de FRANCÉS!!!

En ese momento me pareció muy gracioso que esa mujer no supiera que en Australia se hablara inglés. Pero pensándolo bien, esa mujer de 70 años reunía un conjunto de conocimientos por lo cuales yo me rendiría a sus pies en caso de necesidad: criar gallinas, hacer conservas, fecundar la tierra,... y yo solo sabía que en Australia se hablaba inglés mientras ella sabría subsistir si fuera el único ser vivo de la tierra.

Burgos: el bautizo


No era mi primera vez en Burgos, ni para A., una joven australiana que recorría por n-ésima vez, sola y con 13 kilos de equipaje Europa entera. Es espectacular, te encuentras australianos por más recóndito que sea el lugar. Son una cultura evocada a la exploración, en Fez una pareja estaba dando la vuelta al mundo y ya iban por el octavo mes, en Zagreb encontré una mujer de 72 años durmiendo en un albergue,... y en España aun sorprendemos quien decide patear el mundo por altruísmo.

A. y yo
Con A. dimos una vuelta y prometimos darle el último bocado a la comida "fat". Un kebab regentado por un bangladeshi que nos invitó a una Coca-Cola porque se creía que A. era trabajadora de la UNESCO. Ella misma me contó secretos de la Catedral que no aparecían ni siquiera en Wikipedia. Finalmente nos divertimos entrometiendonos en la presentación de una perfumería lujosa repleta de gente bien vestida mostrando opulencia pasiva (es decir, no solo entre ellos, si no a todo transeúnte).

Dos meses atrás, paseando una noche de verano por la Plaza San Felip Neri de Barcelona, varios snobs le hacían la pelota a Juanjo Puig Corbé mientras me miraban a mi y a mi acompañante como leprosos en un banquete. En Burgos y frente la perfumería tuve la misma sensación, pero A. y yo decimos solucionarlo posando enfrente de ellos con mi tableta de chocolate de 70 céntimos que tan ricamente compartimos viendo la catedral iluminada desde lo alto de una montaña.

Top Chocolate
Dos días después no podía seguir su ritmo, así que tocó despedirme de la primera persona quien, desde el primer momento, había sentido una perfecta conexión, y no fue fácil, pero cada uno tiene su camino. Y nuestro camino se cruzaría de nuevo en Santiago y Sevilla.

Mi camino empezó en esa ciudad hace dos años y no acabó muy bien. Ahora me encontraba en mi día 9 de caminata con un talón de Aquiles hinchado y una mancha de sangre en la planta del pie. Pero sentí por primera vez que podía llegar a Santiago y donde YO quisiese, y esa fue una de las razones por las que salimos muchos de casa.

A la salida de Burgos 2011

A la salida de Burgos 2009

De Villafranca de Montes de Oca a Burgos


Villafranca era un pequeño pueblo rural evocado al olvido y a la vejez. Burgos, la primera capital después de días andando por el páramo de la nada: avenidas, farolas, mendigos, albergues multitudinarios, kebabs... Volver al bullicio fue la oportunidad perfecta para conocer si mi espíritu empezaba a mudar hacia lo inmaterial. Y así fue.

Villafranca queda atrás después de repechos y bosques de pino albar y rojo a poca distancia de una autopista en construcción. Es un auténtico rompe piernas, pero eran las últimas sombras antes de entrar a la Meseta y había que aprovecharlas. Días después un profesor de literatura mejicano me confesó que allí había perdido el miedo a la soledad, mientas contemplaba por primera vez emocionado los campos castellanos de una meseta quijotesca que tantas veces había descrito a sus alumnos.

Esto es un gallego, un catalán y un vasco que
se encuentran en el camino de Santiago
En los Montes de Oca
Un monumento a los fusilados por los franquistas en el 36 recuerda que en un lugar indeterminado descansan los restos de unos ideales que aun siguen vivos.

Después tocaba cambiar de paisajes; eran encinas centenarias, senderos embarrados, trigo hasta la altura de la cintura. Todo en su conjunto tenía un aire parecido al Serengueti sino fuera por el campanario de Atapuerca.

Lugares para la siesta
Pasado Atapuerca y a los turistas algo pedantes haciendo comentarios en inglés (como si no les entendiera nadie) sobre los peregrinos, nuestra apariencia y nuestros olor y desvalidando nuestras motivaciones, tocaba subir la Sierra de Atapuerca, bordeando un campo de tiro militar en cuyos alambres de espino los peregrinos habían introducido signos pacifistas.

Pero en la cima me esperó algo más que unas bonitas vistas. Peregrinos habían colaborado por llenar el suelo de corazones, nombres, nacionalidades y deseos con piedras, tatuando la montaña de compañerismo para siempre.

De allí hasta Burgos hay una transición de lo rural a lo urbano algo precipitada para mi. Se bordea un aeropuerto, un polígono industrial cargado de polución y prostíbulos, y la tentación de coger un autobús urbano hasta el centro,... pero al fin se divisa el centro histórico y se justifica el sufrimiento de haber andado 40 kilómetros sin saber de donde sacaba las fuerzas. Había descubierto cual era mi límite.

Este era el segundo Patrimonio de la Humanidad que
veía en un día