Acampada libre en Cataluña

Este artículo expone los resultados encontrados en Internet a la pregunta: "puedo poner mi tienda en cualquier sitio cuando hago una travesía por Catalunya?" Espero acortar el tiempo de búsqueda al siguiente interesado.
 
Respuesta corta: si que se puede acampar... pero no siempre.
 
Solemos decir en catalán: "se te ha quedado cara de pasta de boniato" cuando algo te sorprende. Por eso vamos a dar una respuesta más larga:
 
Respuesta Larga:
 
Según el decreto 55/1982, que regula la práctica de camping:
 
- Se considera acampada libre, la acampada fuera de campings por grupos menores a cuatro tiendas, separadas entre ellas 250m (no se si refiere a las tiendas de un mismo grupo o a los grupos de tiendas). Estos grupos no pueden hacer pernoctar más de cuatro días en el mismo sitio. Todas estas normas son subsceptibles de ser modificadas por los ayuntamientos.
 
- No se puede acampar a menos de un kilómetro de cualquier núcleo de población, de lugares concurridos o de un cámping, ni a menos de 100 m de cualquier carretera.

 - Tampoco se puede acampar en ramblas, cauces secos o torrentes i en aquellos suceptibles de ser inundados, ni en terrenos que, por la proximidad de línias eléctricas, vías de comunicación, indústrias o instalaciones insalubres o poco saludables, o por cualquier otra causa, resulten peligrosos. El practicante de la acampada libre será obligado a dejar el lugar que haya utilizado en las mismas condiciones naturales en que se lo encontró.
 
La ley sigue siendo algo ambigua. Lo sentimos, esto es el sur.

Viva Jordi Cabrones

Encabezonado por aprovechar al máximo las 16 horas restanates del día que pasamos sin soñar y con el fin de evitar la ordinaria concatenación de albas y ocasos ha surgido un nuevo viajero al que debo poner arriba del pedestal junto a Ata y Ken.

A diferencia de Ata y Ken que ya peinan canas, Jordi, nacido un par de meses después de mi (por lo tanto aun es joven) va a cruzar el Atlántico hasta la península del Yucatán para recorrer los millares de quilómetros necesarios en direcciones arbitrarias hasta dar con las quimeras y Quetzacoalth y su aventura empieza este domingo.

La peculiaridad de este inteprido viajero se parece más a la de un explorador del siglo XVI que a la de un joven del siglo XXI que raramente sale de los resorts con pulserita y todo incluído y las megadiscotecas donde te acabas encontrado por pura casualidad con un desconocido que asegura vivir a dos calles de tu casa de Barcelona.

Esta generación, que protesta por la pérdida de privilegio social y que justifica el impacto ecológico de su capricho y la pérdida de derechos laborales de la población local bajo la frase "yo pago, yo mando, yo hago lo que quiero...". Pues también es en esta generación, que se pudre a la espera de un milagro, en la que está aflorando un cambio de mentalidad que se expresa en nuevas manifestaciones artísticas.

Blogs de viajes hay hasta la saciedad, la gran mayoría de ellos mediocres (como éste, por ejemplo) o un mero fetichismo por mostrarle al mundo donde es capaz de llevarte el bolsillo. Pero la forma en que Jordi va hacernos participes de su aventura aun queda mucho por explotar y abre una nueva dimensión en el arte de expresarse y comunicar.

Aquí tienen una evidencia de que vale la pena esperar a su siguiente remesa y otorgarla un "me gusta" bien grande en su canal de youtube, así como difundirlo tanto como puedan:



Canal: "viajando por un tubo": http://www.youtube.com/watch?v=epkYRG3aT34

El complejo del cuarteto

Hay frases que pueden llegar la doler sin sospechas ni intención por parte de quien la promueve. Y para ejemplirzarlo aquí les relato una historia sencilla.

Trataba con un conocido mío oriundo de Granada sobre el amor que procesamos hacía su ciudad tanto en el aspecto tangible como en lo intocable. Un amor bígamo entre la ciudad donde duermo y la amante en la que sueño. Algo que comparto con Ata, un gran vagabundo que conocí y que pudo describirlo mucho mejor.

La admiración sobrevolaba mis experiencias y las de mi compañero hasta que todo aterrizando sobre el pentagrama coronó con "en Granada he llegado a ver un cuarteto de cuerda tocando porque si". Ese maravilloso sacrificio del artista para acercar al mortal la llama de Prometeo me atrajo de una forma sorprendente. Y su historia era una historia posible, tan corta y compleja como el "cuando despertó, el dinosaurio todavía seguía allí". Pero que por ahora, aun no había vivido en mi Barcelona uterina algo parecido.

Como debería sentir la magnética atracción hacia el lugar donde se pare una pieza menor de Vivaldi, siempre alejado del espacio y el tiempo donde los turistas menos viajeros se trasladan entre las ciudades más populares de Europa, y sobretodo percibir el regalo en que unos hipotéticos alumnos del cercano conservatorio del Liceo decididos a practicar fuera de alguna sala insonorizada, sin pedir limosna por el don que recibieron y por la dedicación empleada, quizás en Sant Felip Neri o en la puerta romana que da al mar.

Quizás serían dos becarios, más la hija de un sacrificado quiosquero quien madrugaba para algún día recorrer las óperas más prestigiosas del mundo junto a ella. El cuarto, el que calzaría unos zapatos Munich sería el hijo comunista de un pequeño burgués locamente enamorado de la hija del quiosquero en un estadio de su vida lejano al predectible cruce de linajes al que el padre del varón tendría en mente desde que comprobara, muy aliviado, que el informe que le presentaron las meretrices del regalo de sus 18 años confirmaban sin duda que él no era homosexual, un fantasma que rondaba la cabeza del padre desde la época que discutían casi a diario para que se dedicara a algo más varonil que a la música.

Complacido el vientre decidí escalar 5 estadios de la pirámide de Maslow antes del atardecer y penetré el Barri Gòtic por la calle de la Princesa, recorriendo, desde la Plaza de la Puntual la Calle Assaonadors. El objetivo era conseguir una experiencia, escucharla o inventarla, que pudiese superar a la de mi compañero, con la única pesquisa que debía ser sencilla, posible y localizada entre el Paseo Picasso y el Paral·lel.

Me paseé entre las arcanas pinturas de una calle porticada en cuyas columnas unas letras góticas y traídas desde La Sombra del Viento dictaban "Prohibido fijar carteles". Cinco minutos después me encontraba picando el timbre de una tienda con el mismo nombre, un presagio de que algo debía de suceder.

Un hombre entrañable me atendió, posiblemente predijo que no era capaz de pagar los 600 a 1500 euros que valía el cartel del POUM per el que me interesé. Aun así se levantó de una forma más juvenial que la por la edad le tocaba y con palabras de doctor me mostró las distintas facciones de los vencidos mientras que de vez en cuando un joven caudillo asomaba y amargaba la conversación "Cuantos vende estos?"... "Pues desde hace 5 años ninguno, se han muerto todos los que me los compraban". Quizás debía abrir una sucursal cerca de Zorrilla o el Barrio Salamanca.

Restauraba, un auténtica artesanía de donde desconozco donde se puede aprender. Y quizás el arte de descubrir cuando una adquisición podría tratarse de un bulo. En si, era maravilloso y de nuevo el rostro de alguien que adora su trabajo artesanal era mágico, pero seguro que en Granada huviera tropezado con un restaurador de carteles de corridas de toros o vino fino. Así que por ahora no cumplí mi objetivo.

Sorteé las calles del centro preguntando que frecuencia de ultrasonidos podría entrar en resonancia con la cabeza hueca de los turistas desmotivados y les provocara un dolor en el duodeno que los enviara de vuelta a Milán, previo desembolse involuntario de su presupuesto a los lugartenientes del turismo.

¿Cuantos de estos turistas conocían neutra historia como para sentirla como yo siento incluso la suya? Cuantos de ellos entraban en tiendas cargadas de valor aunque fuese por tomarlas como museos gratuitos. Mucho más gratuitos que el Museo del Mamut. Cuantos sabían que era el POUM y de los vencidos por los vencidos.

Compré una Coca-Cola "hoye tú! Que yo soy de aquí" y vi como el precio turista/ciudadano empieza a separarse cual país tercermundista. Y empecé a indagar en mi memoria mi última relación con un cuarteto de cuerda.

Se trataba de una tarde de primavera del 2012, en un concierto dentro de "Música als parcs" en un parque de una zona obrera por encima de la Ronda de Dalt. Poco me acuerdo fuera de lo que fue sorprendente. Cuatro músicos vestidos de negro. Un plástico los separaba de la terrenal arena y varios focos alumbrando. Familias escuchaban nosequé movimiento de no se que compositor ruso cuando de entre los arbustos y perseguidos por una decena de gitanos apareció un animal mucho más grande que un perro. Su nariz chata certificaba que se trataba de un jabalí, el primero que veía en mi vida en plena libertad, un inofensivo jabalí de los que los cazadores justifican sus licencias para batirlos como servicio al bien común.

No envistió a los músicos, solo su atmósfera. Después de correr se paró a unos tres metros detrás de ellos y en ese punto ningún espectador, y eso debía incluir sus familiares, prestó ninguna atención a la música. Sin estudios para reaccionar frente tal situación tuvieron que relajar sus músculos faciales sin ser consientes de que había hecho perder la atención por lo que tanto tiempo les costó conseguir.

El hecho de esta historia no es reivindicar la supremacía de mi ciudad como capital del surrealismo. Sino que el hecho de amar de una forma irracional la ciudad en la que me ha tocado vivir y me ha llegado tan alma que me ha permitido desarrollar el instinto de sorprenderme incluso mucho tiempo después de implosionar la primera primavera de mi pubertad. Barcelona ve ha brindado la posibilidad de poder vivir una historia diferente en todos los planos de la realidad y lo metafísico, no se si se trata de un derecho o de un privilegio.

El sacrilegio especulativo de los Mesopotámicos

La exposición "Antes del diluvio" de la obra social La Caixa muestra el urbanismo y la cultura que se dieron en las primeras ciudades de la humanidad. Puede visitarse en la antigua fábrica Casaramona de Barcelona hasta el 24 de febrero.

Código de Hammurabi, museo del Louvre. Wikipedia
Considerar una población como ciudad no es fácil y más decidir cual ha sido la primera. En si, una ciudad consiste en una masificación de población y que depende alimentáriamente del exterior. En cambio, libera a su población de la pesada carga de trabajar el campo y debido a la concentración de los recursos explotados a sus alrededores se generan nuevos oficios del sector secundario y terciario. Las universidades y gremios se han situado en las ciudades y por tanto la cultura y la ciencia también.

Entre los ríos Tigris y Éufrates, justo donde la Biblia sitúa el jardín del Edén, y en la actual Iraq, se fundó la primera ciudad, Uruk. A medio camino de la mística y el avance humanista de esta primera congregación se creó la primera red de comunicaciones, con vías, canales y postas (refugios donde los mensajeros podían descansar y cambiar de caballo), se desarrollaron jerarquías sociales, la división del trabajo, el capitalismo, un poder fuerte, la escritura, el cálculo...

Todo lo que iba más allá de las fronteras de Alejandro Magno era enigmático, poca gente las habían cruzado, por ejemplo Marco Polo. Una tónica que se repitió hasta el siglo XVII y que tuvo su clímax arqueológico durante el s.XIX.

Se descubrieron como capítulos del Antiguo Testamento ya existían en esta región... la ley de Talión del   Éxodo conocido también como ley mosaica ya fue escrita por Hammurabi en el 1760 a.C. También que existía la creencia que el diós Marduk mandó construir un arca a un hombre y conservar en ella dos seres de cada especie. 
Dios Enki, encargado de la construcción. Wikipedia

En cambio difiere notablemente la visión que ambas tienen de las ciudades. Mientras que en el Antiguo Testamento Yavhe destruye Sodoma y Gomorra y manda a Caín a fundar una ciudad donde se refugiaran todos los seres deshonrosos. En el otro lado, los habitantes del delta del Éufrates creían que los dioses habían sido gestados en una ciudad antes de la humanidad.

Consideraban la edificación como un arte divino, igual que otras culturas previas veneraban el fuego o los solsticios y otras posteriores el sacrificio de los animales o el descanso una vez por semana. Era tanta la admiración que el primer ladrillo de cada edificio debía ser elaborado por el mismo monarca y recubierto de leche y miel. A la vez se penetraba el suelo con una piedra en forma de cuerno y con grabados para rogar a los dioses del inframundo el permiso para elaborar la obra.

Existía un dios destinado a la construcción: Enki, quien vivía en el Apsu, en las profundidades de la tierra donde residen "las aguas primordiales", de allí que las peticiones se hicieran clavando una estaca de piedra en el suelo, varias de las cuales se pueden ver en la exposición. Enki, tenía un harén de pequeñas divinidades, encargas de guardar el fuego, por ejemplo, y que permitían la elaboración de la obra. De esta forma tanto el arquitecto como los trabajadores pasaban a un segundo plano y se cedía el protagonismo a la mística.

En la misma ley de Hammurabi, exactamente en la 229 establecía que si un arquitecto diseñaba una casa y esta se caía matando al hijo del propietario de la casa se mataría al hijo del arquitecto.


Tanta implicación hacia la construcción recuerda al vínculo con el que los médicos están ligados al juramento Hipocrático. Aunque probablemente existieron otras, es la única de la que tengo constancia que venerasen tanto dicho trabajo. En si, la petición a los dioses por robarles un espacio de tierra y violar la virtud de la creación reservada a ellos puede llegar a ser un pensamiento hippie.

En el siglo XX y XXI tenemos personas que llevaban esta vida a tal extremo hasta considerar que su espacio vital no debe superar al de una caravana. Por el otro, hay personas que prefieren tener edificios en varias ciudades o una segundo residencia en la playa e incluso especular con ellos forzando a la gente que no puede pagarlos a abandonarlos sin preocuparse de donde puedan ir a vivir. También existe el caso de H&M quienes alquilan un edificio espectacular del Portal de l'Àngel de Barcelona para hacer un horterada.

En si, una cultura que honra a sus edificaciones y hace participe a la sociedad de su elaboración y uso contiene unos valores que no han vuelto a existir. Considerar la construcción como un sacrilegio que recaería en la consciencia de una sociedad que despreciaría a quienes especulan con grandes obras como lo hacemos ahora con los grandes traficantes de armas o los que esclavizan a los niños soldados. O en pequeños alquileres o prestamos usureros equivalentes a pequeños camellos de barrio.

Para más información: aquí

Barcelonada Popular

Después de mencionar una serie de unidades del Sistema Internacional, definir el coseno hiperbólico y rememorar dolorosos recuerdos del cálculo infinitesimal mi amigo acabó por describir de forma cerrada todos los principios físicos que se producen al desplazarse en bicicleta y le paré los pies cuando después de coger aire se entregó a las reacciones químicas y anatómicas "en esto no tengo base para seguirte", entonces retomó su discernación en un punto mucho más primario y utilizando un léxico menos formal, "la verdad es que no tengo muchas ganas de escucharte".

Había  mejorado su español sorprendentemente desde nuestro último paseo, aunque se lo veía ofendido por mi renuncia a su transmisión de conocimientos. Solo se me ocurrió una forma de compensarle: enseñarle a montar. Pero quería preambular por las emociones que podían desencadenarse en ese proceso, algo tan difícil de comprender por su parte como el tratado de química orgánica al que estuve a punto de asistir.

Fuimos andando hasta la Plaça dels Àngels, donde existe una gran esplanada libre de coches y alquilamos una bicicleta. La plaza estaba llena de patinadores de monopatín quienes jugaban con las escalinatas del museo de arte contemporáneo. Le dije como este sitio era el punto de reunión de la comunidad (masculina) paquistaní del centro de Barcelona y se dedicaban a hacer algo tan sorprendente para mi como jugar al criket. Por alguna razón se desplazaron a la parte baja del Paralel y allí aún se les puede ver cualquier tarde entre abril y junio.


Ver Bicicletada en un mapa más grande
Como no era de extrañar mi amigo aprendió a moverse y arrugaba las cejas para que le dejara de sujetarle. En línea recta atravesó los charcos que el servicio de limpieza habían olvidado. La emoción de realizar algo así por primera vez y los gritos de ánimos míos y de los patinadores lo llevó a un estado de ceguera que le hizo olvidar que todos los espacios físicos están acotadados. La caída y el posible dolor que sentía nos produjo una risa inconciente y macabra a la veintena de espectadores, quienes corrieron rápido a twittear lo ocurrido. Mientras cuatro de nosotros, ayudamos a incorporarlo compitiendo por quien soltaba la broma más sádica.

Cuando me desperté al medio día lo encontré en el comedor con una bolsa de guisantes atada al tobillo y con los ojos encendidos y sin darme los buenos días me preguntó cuando podía volverlo a intentar. El miercoles le invité a unirse al paseo de un grupo de ciclistas "urbanos" quienes les gustaba pedalear en pelotón. Mientras esperábamos a formar una masa crítica de ciclistas a la puerta de un comercio de reparaciones regentado y propiedad de un grupo de jovenes emprendedores.

Desde la plaza del mercado de la Barceloneta nos dirigimos por el litoral hacia el norte donde nos sorprendió una pareja haciendo el amor en la playa. Le dije que eso y en ese sitio había sido algo muy rutinario puesto que esa zona había sido un poblado chabolista conocido como el Somorrostro. Esto me recordó una conversación con uno de los últimos pescadores del barrio costero: "Barcelona es una de las únicas ciudades donde los ricos están en las montañas y los pobres viven al lado del mar". Este foco de distracción me evitó inventarme el arquitecto del nuevo edificio de Gas Natural y le huviese acabado por explicar la cesión que está empresa a hecho a H&M de su cede histórica de su edificio planificado por el prolífero Sagnier en el Portal de l'Àngel y como la empresa de "moda" lo había dotado de frialdad y mediocridad. Cerca de allí las dos torres que me robaron el mar en el verano del 92 traían recuerdos de los Juegos Olímpicos de mi niñez.

Seguimos adelante por la costa en dirección a otro antiguo poblado chabolista, el Camp de la Bota, el lugar eligido durante y después de la Guerra Civil para "ajusticiar" a los perdedores. Entre medio grandes infraestructuras de principios del 2000 hijas de la especulación y de la abertura del último barrio industrial de Barcelona, Poble Nou. Cruzamos muy cerca y se sorprendió de unos bloques que se encuentran en el sector de Icaria, al final de la Rambla, cerca del cementerio, le explique que la genialidad de algún arquitecto racionalista le hizo ganar hace años el premio de la ciudad y por tanto se había ganado el indulto frente la especulación, un título otorgado también a la casa Lleó-Morera, el modernista Palau de la Música o el noucentista colegio de la Salle en la calle Sant Pere Més Alt.

"Así que la crisis llegó justo en el momento que se iba a engullir este barrio?", "si, si, y justo consiguió un equilibrio que pocos años más va a durar". Antiguas fábricas convertidas en lofs, otras casas con programas pilotos en domótica, mobiliario urbano para el Urban Lab, el Hub de la Moda, el 22@, dos campus universitarios, uno de los cuales tiene una biblioteca en un antiguo depósito de aguas, las antiguas casas baratas para los obreros de las fábricas, la França Xica, una Rambla con su Casino que no ha perdido el sabor de los últimos cien años y la tristeza de las canciones tristes de Loquillo. A pocos barrios le sienta tan bien el otoño como a este.

Tomamos por Rambla Prim, allí donde se junta el edificio que Telefónica se ha costeado a costa de contratos confusos y protocolos inentendibles de reclamación. A la derecha se tiene el barrio de la Mina, un esfuerzo a medio camino por dignificar una de las partes más marginadas de la ciudad. A la izquierda queda el barrio de la Verneda y ambas bandas pintadas y símbolos socialistas, coperativas y asociaciones vecinales y culturales que bien vale la pena tener en cuenta.

Cruzamos el nuevo puente de trabajo para entrar a Sant Andreu y sentí volver a mi Barcelona. Otro barrio, parecido al Clot, Poble Nou, Gracia o Sants, pero mucho más acojedor contrastada con los antiguos edificios con 'luminosis' de la Mina. Subimos por la Avenida Once de Setembre hasta la ancha Meridiana y de allí por el Heron City (que daño hicieron los años de crecimiento para la arquitectura!) hasta los pies del barrio de Roquetas, allí nos esperaba una gran sorpresa.

Entramos a un Banco de Alimentos donde una pareja de jubilados nos explico los pormenores de su labor. "Aquí somos jubilados, trabajadores, informáticos,... y lo hacemos a cambio de nada", si Caritas o los servicios sociales consideraban que una familia necesitaba, entonces se le daban una serie de puntos en función de los miembros de la familia y se le asignaba un día y hora para realizar la compra y además se debía hacer acompañado por uno de los voluntarios del centro. Decían que si habían conseguido dignificar la caridad, a diferencia de los sistemas anteriores que consistían en que el necesitado recibiera una bolsa con lo que las organizaciones hubieran recogido, sin tener ningún derecho a decisión. Me sorprendió la gran cantidad de huevos Kinder habían conseguido. Esta entindad recogía comida tanto de grandes superficies como de la colaboración ciutadana, incluye un centro de yoga. Se basaban en un sistema de éxito probado en la ciudad de Salt (Girona) y que también les estaba resultando bueno aquí.

Alguien les preguntó cual era el producto menos popular y bajaron los ojos. La gente chillaba.... algo verde,.... lentejas,.... pero se dirigia hacia la zona de congelados y sacó un paquete mirandolo con algo de respeto. "Nosotros le decimos tenemos pescado, con vegetales, no hay que cocinarlos, está muy bueno,..., y   nos dicen que se lo lleban, pero es que lo ven y cambian de idea".

Cuando salimos de allí nos dirigimos hacia una plaza de la Sagrera que me sorprendio y que prometo nombrar una vez consiga la información. Comimos y bebimos un poco y de allí nos dirigimos de nuevo hasta la Barceloneta no sin antes sorprenderme por los transexuales que se prostituyen cerca dels Encants Vells y del campus de la Pompeu Fabra.

La Sagrera
Hacia tiempo que no veía mi amigo tan callado. Le pregunté que le pasaba y antes que me respondiera pude leer en su rostro lo que tantas veces había visto en otros. "Me va a costar mucho volver a casa después de haber vivido aquí". Le contesté si era por haber visto cosas que no tenía prestablecidas antes de su viaje y me dijo que no quería hablar. Realmente no dijo nada, se tapó la cara para ocultar el llanto, igual que había visto antes en otras personas de paso, igual que me había sucedido a mi en Marrakech. 

A veces nos enamoramos de las piedras y de las historias que allí suceden, por magia o por ser concebidas en esos momentos de la vida que no somos concientes de la libertad que albergamos.